Los Puntos Gatillos Miofasciales

¿QUÉ SON LOS PUNTOS GATILLO MIOFASCIALES (PGM)?

Bajo ese nombre tan poco atractivo se esconde una de las causas de dolor crónico y agudo que se pasa por alto con más frecuencia, y a su vez es uno de los cuadros de dolor musculoesquelético más habitual.

Vamos a tratar de aprender un poco sobre ellos, para intentar detectarlos y poder darles el tratamiento adecuado cuanto antes.

Definimos a un Punto Gatillo Miofascial como un nódulo doloroso dentro de una banda tensa de un músculo, que produce un dolor referido. Vamos a partir de que una contractura es un nódulo, por lo que podríamos simplificar que en PGM es una contractura que implica a algunas fibras musculares, que no afecta a todo el músculo. Y con la peculiaridad, de que es muy sensible a la palpación, y de ese dolor referido.

No es fácil saber que un dolor es referido. Entendemos que es el dolor difuso, sensación de presión, pesadez, o quemazón. Este dolor se va a producir de manera local cuando lo palpamos, es decir en la zona del PGM, y en una zona alejada del mismo. El hecho de que se produzca a distancia es lo que con frecuencia nos puede confundir en el diagnóstico.

Para que lo entendamos: puedo tener un PGM en el gemelo interno que me produce un dolor referido en la planta del pie, y no un dolor espontáneo en el propio gemelo interno (sí será doloroso a la palpación el PGM). El síntoma que padezco es dolor en la planta del pie, que me puede llevar a la consulta de un médico o un fisioterapeuta, y un profesional no cualificado podría confundirlo con una fascitis plantar.

¿QUÉ MÁS TENGO QUE SABER DE LOS PGM?

Hay que tener en cuenta que un PGM tiene otras características tan importantes o más que el dolor que nos producen, como la limitación de movimiento, dolor al estiramiento, o una fatiga previa del músculo (falta de fuerza).

Y por si fuera poco, un PGM nos producirá una inhibición muscular, por lo que esas fibras no cumplirán su función. Sin duda, tendrá una repercusión importante en el rendimiento deportivo.

Por ejemplo: un PGM en el glúteo medio produciría una inhibición muscular, repercutiendo en su función más importante, que es proporcionar estabilidad en la pelvis al caminar o correr. A su vez, esa falta de estabilidad en la pelvis nos podría provocar un sufrimiento en los diferentes tejidos de la rodilla.

Otro ejemplo lo vemos en los músculos peroneos, que colaboran en la estabilidad lateral del tobillo. La inhibición muscular que producen los PGM nos podría desestabilizar el tobillo y hacer que sean frecuentes los esguinces.

Y ¿POR QUÉ SE PRODUCEN?

Ya hemos visto la importancia que puede tener un PGM, desde el punto de vista del dolor, ya que al producirse a distancia de la verdadera “lesión” nos puede confundir. También hemos visto la trascendencia de un PGM, dado que va a producir fatiga e impotencia funcional muscular.

Pues lo mejor será atender a las causas que pueden provocar, o perpetuar, la aparición de los mismos, y así aprenderemos a prevenirlos:

EL ESTRÉS MECÁNICO. Ese estrés físico puede deberse a asimetrías esqueléticas y la sobrecarga muscular. Los corredores padecemos muchas veces esa sobrecarga por movimientos repetitivos, pero hay que tener en cuenta que en personas poco activas también podemos encontrar sobrecarga muscular por una mala higiene postural.

DESARREGLOS NUTRICIONALES. El déficit de vitaminas B1, B6, B12, ácido fólico y vitamina C, o de calcio, potasio y hierro.

FACTORES PSICOLÓGICOS. Estrés, depresión, ansiedad…

DESARREGLOS METABÓLICOS Y ENDOCRINOS. Función deficitaria tiroidea, hipoglucemia, ácido úrico elevado, anemia…

INFECCIONES CRÓNICAS.

OTROS FACTORES. La alergia, alteraciones del sueño, enfermedades viscerales crónicas, disfunciones articulares…

EL DIAGNÓSTICO

Una buena valoración por parte de un fisioterapeuta con formación en PGM será la clave para detectarlo. Existen mapas anatómicos que describen los dolores referidos más habituales y la localización aproximada de los PGM en cada uno de los músculos del cuerpo humano. Pero hacer uso de estos mapas no es suficiente en algunos casos, ya que no están descritos todos los PGM ni todos los dolores referidos, tan solo los más habituales. Para encontrar ese PGM que provoca el dolor que nos llevará a la consulta habrá que descartar otras patologías realizando una buena exploración y ante todo escuchando lo que nos cuenta el paciente: en qué momento o en qué gesto deportivo aparece el dolor, la intensidad, la frecuencia, cuándo apareció, actividad deportiva que realiza, hábitos de vida, otros problemas de salud… Una vez descartadas otras patologías vamos a proceder a una minuciosa exploración, tratando de encontrar PGMs que con la presión manual nos reproduzca el dolor al que el paciente hace referencia. Sabremos que hemos localizado un PGM ACTIVO si al presionarlo el paciente identifica ese dolor referido. Hemos hablado antes del dolor referido a distancia, pero ese dolor también puede localizarse en la zona donde se encuentra el PGM. Será un dolor difuso que se expande por la zona al ejercer presión sobre él.

Además es probable que encontremos un PGM LATENTE. Éste también provocará un dolor referido a la presión manual, pero no será un dolor conocido por el paciente. El dolor aparecerá sólo a la presión del PGM, y desaparecerá al dejar de presionarlo.

También la debilidad, impotencia funcional o la fatiga en algún músculo nos llevará a sospechar y explorar la posibilidad de encontrar un PGM.

EL TRATAMIENTO

En personas activas, como es nuestro caso, vamos a tratar los dos tipos de PGM.

Trataremos los LATENTES, que si bien no producen un dolor espontaneo (solamente a la palpación), si reúne las demás características de las que hablábamos al principio: impotencia funcional, fatiga muscular, limitación de movimiento…

Y por supuesto trataremos los PGM ACTIVOS. Además de hacerlo por los motivos descritos en los PGM LATENTES, nos estarán provocando ese dolor que nos ha llevado a la consulta.

Los tratamientos serán casi siempre a base de terapia manual (ejerciendo determinados movimientos y presiones sobre el PGM) y/o punción seca (con agujas de acupuntura). Una vez realizado el tratamiento añadiremos la reeducación motora con ejercicios adecuados, para restablecer la funcionalidad muscular.

PARA FINALIZAR

Como veis estos nódulos nos pueden dar mucha “guerra”. A veces los pacientes nos describen ese dolor, que lleva mucho tiempo con ellos, del que ya se ha descartado todo tipo de lesión con diagnóstico por imagen (radiografía, resonancia magnética, ecografía, etc.), ya han recibido diferentes masajes, tratamientos médicos o fisioterápicos, y sigue ahí.

Debemos tener en cuenta que un PGM, cuanto más tiempo lleve con nosotros más nos costará librarnos de él. Si algo de lo que habéis leído aquí os encaja con un dolor que padecéis, poneos manos a la obra cuanto antes.

Miguel Camacho.

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